Torregarcía

Dónde se aparece

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El lugar donde se aparece era y es una torre atalaya situada en el litoral almeriense cerca de la zona denominada El Alquián. Era una atalaya de segunda categoría; esto quiere decir que disponía de tres vigías a diferencia de otras que disponían además de un cabo.

El acceso al Torreón era a través de una escala de cuerda, colgada de los matacanes que coronaban el bloque, entrando por un portillo a siete u ocho metros de la base. A los dos departamentos siguientes se accedía por el interior, uno de ellos era almacén de esparto para almenaras y ahumadas (forma de comunicación y aviso). La escala de acceso se retiraba al anochecer.

En 1502 la torre carecía de la segunda estancia y de la terraza. Con los Reyes Católicos seguía la costumbre de que esta atalaya árabe tuviera tres vigías, aunque en la época de la aparición solo constan dos vigilantes según Martín del Rey: “Andrés de Jaén (que pertenecía al Cuerpo de Inválidos por haber quedado cojo al formar parte de las huestes cristianas a las que había servido) en turno de noche, y Diego Marín en turno de día”.

Entorno social

En diciembre de 1489 con los Reyes Católicos llegan los tres primeros frailes predicadores dominicos a Almería; pronto serían seis y fundarían la primera escuela pública de enseñanza.

El convento de los dominicos, en el tiempo de la aparición de la Virgen, se componía de un prior, Fr. Juan de Baena, los conventuales Fr. Clemente de Piedrahita (sacerdote) y Thomas de Baena (sacerdote), Francisco de Jaén (diácono), Thomas de Ezija (profeso), y los legos Andrés de Padilla y Juan de Alcántara. También se cita en algunos documentos a Fr. Humberto de Salvatierra.

La población de Almería era de 580 vecinos equivalentes a 5.320 habitantes. La Ciudad tenía en esa época las siguientes autoridades:

  • Corregidor: Alonso Escudero.
  • Rexidores: Pedro Núñez de Benavente, Martín Alonso de la Cerda, Alonso de Alcántara, Arias de Medina, Juan de Lezcano y Galcerán de Almenara.
  • Alguacil: Pedro Herrero.
  • Obispo: Juan de Ortega, ausente por formar parte del Cortejo Real.
  • Deán y gobernador eclesiástico: Francisco de Ortega, sobrino del prelado titular.
  • Cabildo: tesorero, Alonso de Fuentes; chantre, Ginés Sánchez; maestreescuela, Diego Lucero.
  • Canónigos: Juan de Texea, Fernando Pérez, Antón de Córdoba, Ginés de Porta, y Simón Narváez; todos ejerciendo como criados de los Reyes, sin residir en Almería.

En el momento de la llegada de la Imagen de la Virgen sólo están en la Ciudad Porta y Narváez.

De dónde procedía la imagen

Por aquél entonces, las naos y galeras que navegaban por el Mediterráneo desde el s. XIV empezaron a estar dotadas, en la cámara de popa, de un pequeño espacio dedicado a capilla donde generalmente se depositaba una imagen de la Virgen para culto y veneración de los navegantes de dichas embarcaciones.

Es opinión generalizada que la nave que portaba esta Imagen de la Virgen del Mar había sido realizada en una atarazana de la costa valenciana o catalana, o de la costa de Italia, en la cual además de construirse la nave se talló la Imagen que se depositaría en la capilla de dicha embarcación. Se trata de una talla de nogal policromada, de estilo gótico tardío. La referida nave debió ser atacada por piratas sarracenos en su ruta por “el Mar Ibérico o Mar Mediterráneo”, ocurriendo el abordaje con probabilidad encontrándose cerca del promontorio de “Charidemus o Cabo de las Ágatas”, arrojando los saqueadores al mar –a su suerte- todo lo que no les era útil, como fue el caso de nuestra Imagen.

Su arribada a la orilla del mar. La aparición

No es posible determinar el número de días que la Imagen estuvo inmersa en el mar. Las corrientes marinas de la zona del Cabo de Gata la arrastraron hacia la orilla sufriendo varias rozaduras al tropezar con rocas que le deterioraron la espalda a modo de cuchilladas la espalda; también deterioraron al Niño, que portaba en la mano como una manzanita. La Imagen, siguiendo el curso de la marea, fue arrojada a la playa de Torregarcía, como a un tiro de piedra del Torreón hacia poniente. La torre vigía estaba emplazada como a unas 10 varas de la orilla del mar.

Corría la noche del 21 al 22 de diciembre de 1502 cuando ocurre la Aparición de la Virgen del Mar. Cubría guardia el torrero morisco Andrés de Jaén, y dice la crónica que

“vio algo que rebrillaba en la mar, por lo que tuvo gran temor. Bajó de la torre y acercándose a la orilla, y estando así espantado, no sabía que pensar, cómo o en qué manera aquella imagen hubiese allí aportado, y dijo más, que por otra parte se halló tan consolado y con tanta devoción, aunque indigno y pecador por haber tal tesoro hallado.

Estaba todo elevado, al encontrar la imagen de N.ª S.ª, que no sabía que hacer, y en esto estando pensando, vínole al pensamiento de ir y llamar a alguno que viese aquel milagro de aquella imagen que había hallado. Y si en tanto que yo voy, dijo él, viene algún mozo y se la lleva para escarnecerla, no daré de mi muy buena cuenta.

Mas queriola llevar a la torre y probó, pensando en poder llevarla, y le pareció que aunque dos personas, tanta fuerza tuvieran, que con ella no podrían, y con muy grande dolor de corazón, se hincó de rodillas y con cuanta devoción él pudo y con su poco saber, las manos juntas, dijo: Sra. Virgen María, yo bien veo que soy pecador y no soy digno de tocar con mis manos pecadoras a tu gloriosa imagen, mas aunque no es razón que Ella aquí esté por el peligro de los Moxos, dame tú, Señora, fuerzas para yo la pueda llevar hasta la Torregarcía. Y probó por si la podía levantar, y le pareció que no sólo alzarla, mas en llevarla, no llevó más peso que si nada llevara, y que así lo juró que había acaecido” .

Cómo consiguió trasladar la Imagen hasta el interior de la torre es un misterio, ya que estas torres de forma cilíndrica tenían el portillo de entrada entre dos matacanes y a una altura estimable, y para su apertura lo hacían a través de bisagras o articulaciones emplazadas en la parte superior, de modo que, para su apertura, había que girarlas en el sentido de las agujas del reloj, empujándola desde su parte inferior, de forma que, cerrada, los vigilantes, armas y leña del interior quedaban inexpugnables. El llegar hasta la puerta era un proceder rocambolesco, la escala de cuerda atada a los matacanes, una escala de gato, pero en cuerda. La misma era quitada al caer el sol, quedando el torreón inaccesible.

La llegada al corazón de los almerienses

Azucenas 15-08-04

Seguimos con nuestro relato. Al día siguiente de la Aparición de la Imagen, Andrés de Jaén se desplazó con un compañero hasta la Iglesia Mayor de la Almedina, donde narró el suceso al Deán D. Francisco de Ortega, el cual lo despidió con esta expresión: “Id con Dios buen hermano, que ya pasó el tiempo en el que la Virgen se aparecía a los pastores. Y dejolo ir

Por cuya razón el torrero se dirigió al monasterio del Sr. Santo Domingo, donde narra otra vez lo acaecido. El relato de la expedición que se organizó para comprobar qué cosa era aquélla que decía el torrero y traerse la Imagen, la describe el Deán Orbaneja tomada del acta que los dominicos firman dando fe, el Prior y la Comunidad del monasterio dominicano. Así, en la cabalgadura llamada “la Favorita”, la Imagen fue traída al Convento de los dominicos y al corazón de todos los almerienses.

El 1 de enero de 1503 los almerienses que fueron a oír misa de alba a Santo Domingo quedaron encantados al contemplar en el nicho principal de dicha iglesia la Imagen de la Virgen que nos vino del mar.

Años más tarde a este suceso, Andrés de Jaén, impresionado por todo ello y no pudiendo olvidarlo, abandonó el puesto de vigía y solicitó entrar de lego en el convento de Santo Domingo, donde acabó sus días a los pies de la Virgen del Mar y servicio de la Comunidad.

En Torregarcía, desde 1502 hasta hoy, cada primavera y verano -hasta agosto- florecen azucenas y narcisos en el mismo sitio en que se apareció la Virgen del Mar; milagrosamente, pues el terreno arenoso casi desértico y la salinidad del mismo hacen incomprensible que nazcan de forma espontánea estas flores. Es el milagro de las azucenas que cada primavera Dios nos regala, para que no olvidemos el momento y el gran regalo que nos dio con Nuestra Madre y Señora la Virgen del Mar.

Más información: DE JUAN OÑA, JOSÉ, “Memoria histórica y descriptiva de la llegada a Torregarcía de la imagen de la Virgen del Mar, en su quinto centenario”, Almería 2002 (editado por la Hermandad de la Santísima Virgen del Mar con la colaboración de la Universidad de Almería).


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