Romería a Villagarcía

Conforme a los datos históricos facilitados por nuestro hermano y Consejero Consultor D. José de Juan Oña, los antecedentes de la Romería a Torregarcía, tal y como hoy la conocemos, hunden sus raíces en los tradicionales cultos de la Aparición de la Stma. Virgen del Mar, que son los que desde más antiguo se celebran, al tomar como referencia el pueblo de Almería la fecha de su hallazgo en las playas de El Alquián para llevar a cabo las celebraciones en su honor. Desde una perspectiva de cinco siglos, podemos considerar “recientes” los cultos del Patronazgo, que se celebran a partir de comienzos del siglo XIX, y los cultos de la Coronación, desde mediados del siglo XX.

Desde el siglo XVII existe testimonio documental de la procesión que se celebraba el 1 enero en honor a la Virgen del Mar. Con el tiempo, al declararse el Patronazgo sobre la Ciudad de Almería (20 de mayo de 1806) y establecerse su fiesta litúrgica en agosto, se instituyó otra procesión en este mes, que convivió con la de enero hasta el año 1934, pues a partir del año siguiente deja de celebrarse. Habría de transcurrir otro magno acontecimiento, la Coronación Canónica (8 de abril de 1951), para que se abriera paso la idea, largamente acariciada, de construir una ermita para la Virgen en el mismo lugar donde apareció y celebrar cada año, a comienzos de enero, una Romería que recuerde aquellos sucesos de 1502 que han marcado la vida del pueblo cristiano de Almería.

Torregarcía está situada a unas cinco leguas de la Ciudad y a unas tres del Alquián o llano. Su origen se adentra en lo hondo de nuestra historia. El arqueólogo Boch Gimpera la cita desde la época cartaginense. Aquí hubo, nos dice, un emplazamiento defensivo o Atalaya de los que jalonaban la costa, que llamaban Turris et Speculae Hannibalis. Otros autores sostienen que los fenicios ya poseían aquí un embarcadero, que llamaban Embarcadero de Ancon. Los romanos mantuvieron y afianzaron estas defensas costeras.

Los árabes las mantuvieron y perfeccionaron, llamándolas Al-Mariyas o Atalayas. Eran de tres clases: la de mayor envergadura, como la de Pechina, en la embocadura del Andarax, fue levantada por Abd-Al-Rahmman III en el 953. Ésta en cuestión era de 2ª categoría, dotada de 3 centinelas, emplazada en plena “estepa del litoral”, cuyo acceso al interior era a través de una escala de cuerda de hasta 7 u 8 metros de longitud, que colgaba de los matacanes que coronaban el bloque, y que al oscurecer la quitaban, cerrando el portillo. Los guardianes efectuaban unas intensas jornadas, impuestas por el Islam desde el 845 a “los moradores del Ribat”.

En el 964 se implantaron las visitas de inspección, nos dice Levi Provençal. El Califa Al-Hakkan II, Señor de Almería, visitó esta zona a la que llamaban Al-Qabita. En tiempos de Mohamed Abu Yahya Ben Somadih Atochibi, más conocido como Almotacín (1051-1091), hubo un caballero castellano, residente en Murcia, que prestaba servicios mercenarios. Este personaje, llamado Don García, escoltó los restos de San Indalecio desde Pechina al Monasterio de San Juan de la Peña, en el Alto Aragón, en 1074. Este Don García tuvo otras actuaciones con Almotacín, entre las que cabe destacar la reorganización de las defensas costeras bajo su dirección, reconstruyendo la Torre de Al-Qabita y aplicándole su nombre “Torregarcía”.

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Los Reyes Católicos reforzaron estas defensas contra los “moros de allende” que alentaban los sultanes de Turquía, los emires de Argelia y las bases de Orán, Bujía y Túnez.

Las tranquilas y transparentes aguas que bañan el Torreón fueron llamadas del Mar Ibérico, Charco Largo y Lance de la Virgen, sucesivamente. En sus cercanías se pescaba el atún y desde 1489 en los barcos de pesca solía ir con los pescadores un Trinitario o un Regular, a quien llamaban Capellán de Barca.

Junto al Torreón ocurrió un acontecimiento trascendental. Hacía trece años de la llegada de los Reyes Católicos a la Ciudad, cuando aquella madrugada del 21 al 22 de diciembre de 1502 el Torrero morisco Andrés de Jaén divisó aquel objeto extraño que se acercaba a la orilla. Bajando de la fortaleza, comprobó admirado que se trataba de una Imagen de Nuestra Señora. Como buenamente pudo, porque era cojo, la arrastró hasta un matorral que había al pie de una palmera allí al lado, para esconderla de los salteadores. Con no pocas dificultades logró subirla más tarde al Torreón, asentándola allí como su primera capilla.

Desde aquel 1 de enero de 1503 el pueblo la llamó “La Virgen que vino de la Mar” y entró desde entonces, de pleno derecho, en la historia de Almería, deviniendo en Madre y Protectora de todos los almerienses.

En relación con el Torreón y su entorno, apuntamos las fechas más significativas:

  • 1570 – Reconstrucción del Torreón.
  • 1575 – Inspeccionado, tras su reconstrucción, por Luís Machuca.
  • 1681 – El Cronista dominico Fr. Antonio de Lorea O.P. expone la devoción hacia Ella y la petición del pueblo de tener una ermita en Torregarcía.
  • 1896 – Acuerdo y gestiones entre el Alcalde, D. Juan Mª López, y el Hermano Mayor de la Hermandad, el Juez D. Francisco Maldonado Entrena, para erigir un “monumento piadoso” en Torregarcía, como reclamaba el pueblo.
  • 1902 – Nuevas gestiones al respecto y emplazamiento en el Torreón de una efigie de Nuestra Señora, a devoción pública.
  • 1906 –  El Ministerio de la Guerra autoriza una instalación.
  • 1940 – Colocación en el Torreón de una lápida conmemorativa a cargo del Hermano Mayor D. Francisco Rovira Torres.

Terminados los actos de la Coronación Canónica, el entonces Alcalde D. Emilio Pérez Manzuco emprendió por cuenta municipal la erección de la Ermita de Torregarcía, según proyecto del Arquitecto Municipal D. Guillermo Langle Rubio. Desestimado un primer proyecto, el segundo trazado contemplaba una planta octogonal, puerta y dos ventanales al oriente y tejado en semiesfera.

El terreno era de D. Antonio Peregrín Zurano y de su esposa María Abad García. El Sr. Peregrín ofreció la donación del terreno para estos fines a la Hermandad de la Virgen del Mar, de la que era Hermano Mayor D. Miguel Viciana González y Secretario D. Diego Alarcón Moya. Estudiada la oferta, no fue posible su aceptación porque la Hermandad carecía entonces de entidad jurídica para registrar los terrenos a su nombre. Por esta razón fue el Ayuntamiento el que aceptó la cesión, decidiendo levantar la Ermita sobre el referido solar.

La primera piedra se colocó solemnemente el domingo 12 de enero de 1953, con la bendición del Prelado Dr. D. Alfonso Ródenas García y colocación por parte del Alcalde, en presencia de Autoridades civiles, militares y eclesiásticas y la Hermandad, amén de un considerable gentío que cubría aquel paraje. Construyó el maestro alarife D. José Pozo, por cuenta del Presupuesto Municipal, ascendiendo las certificaciones de obra aprobadas a 24.812,81 ptas. El camino de acceso desde la Carretera de Níjar a la Ermita, con 6 km. de longitud, también obra municipal, ascendió a 8.693,36 ptas.

Con motivo del acto de colocación de la primera piedra fue organizada la 1ª Romería oficiosa a Torregarcía. La primera con carácter oficial tuvo lugar el domingo 7 de enero de 1954, con la Ermita en construcción. Siendo la 2ª Romería oficial el domingo 2 de enero de 1955, cuando se bendijo el edificio. Con tal motivo fue llevada la Imagen original sobre el trono construido por Perceval.

Torregarcía es una de las puertas de entrada a un enclave excepcional, el Parque Natural de Cabo de Gata-Níjar, declarado como tal en diciembre de 1987.

El Torreón fue reconstruido por la Delegación de la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía en 1988.

Es en esta Ermita y paraje donde cada año se celebra la Romería de la Virgen del Mar, el segundo domingo del mes de enero, presumiendo de ser la que se celebra en fecha más temprana en todo el territorio nacional. Tras la misa de romeros que tiene lugar en el Santuario a las 9 de la mañana, parte la comitiva escoltando a la Imagen Vicaria. La misma va colocada en un templete de alpaca repujada y plateada, obra del orfebre hispalense Manuel Ríos Navarro. Fue bendecido por el Prelado D. Rosendo Álvarez Gastón el 1 de enero de 1998, al finalizar los actos litúrgicos propios de este día. El templete consta de 4 columnas, cúpula con techo, respiradero y peana, con varales portátiles. En su frontal una cartela ostenta el escudo de la Ciudad y en la parte posterior luce un relieve con la imagen del patrón de la diócesis, San Indalecio. Fue costeado con una suscripción popular y la generosa aportación de la entidad bancaria Unicaja. El orfebre obsequió a la Hermandad con una corona para la Virgen y otra para el Niño, réplicas de las regaladas en 1940 por Dª. Isabel Campos, de metal sobredorado. El Manto de la Romería fue una donación de las Damas Camareras en el año 1998. Confeccionado en terciopelo color verde esperanza, luce aplicaciones en tisú de oro y el escudo de Almería. Es obra del almeriense Gabriel Martín Gázquez.

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A la llegada de la Virgen a Torregarcía, los hermanos horquilleros rodean el Torreón portando el templete con la Imagen, y la procesión se encamina a la Ermita, donde se reza el Santo Rosario y el Sr. Obispo preside la Santa Misa, que es concelebrada por los Padres Dominicos y miembros del Cabildo Catedral. Asisten a estos actos diversas Autoridades, destacando la Corporación Municipal, organizadora de la Romería y encargada del buen orden, seguridad y limpieza. A este respecto es de destacar que la masiva afluencia de público –unas veinticinco mil personas en los últimos años, según estimaciones- genera la necesidad de un amplio dispositivo que despliegan las fuerzas de seguridad, Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía y las distintas Áreas del Ayuntamiento de Almería. Terminada la Eucaristía, los fieles forman largas colas para acceder a la Ermita para rezar a la Virgen.

Aparte de los actos religiosos, su auténtica razón de ser, la Romería es ocasión para que los almerienses vivan un día de convivencia con familiares y amigos a la orilla del mar. A la cita acuden también los pueblos cercanos. La jornada es propicia a las barbacoas y moragas, a visitar los numerosos chiringuitos y atracciones instaladas en las inmediaciones, al encuentro con los conocidos, expresión del talante amable y generoso de las gentes de esta tierra.

A las cinco de la tarde se inicia el regreso. La comitiva con la Imagen va seguida de grupos de baile, caballistas, coches y autocares. Se hacen paradas en El Alquián, La Cañada, Los Molinos y en el Seminario. Los barrios reciben a la Virgen con flores y cánticos, y los seminaristas la saludan entonando la Salve. Ya en la Ciudad, llegada a la Plaza de San Sebastián, la Virgen es portada por los horquilleros y voluntarios que la llevan en procesión con el acompañamiento de la Banda Municipal de Música y gran cantidad de fieles con bengalas. En la puerta del Santuario se reza la Salve, tiene lugar una nueva actuación folklórica y se recoge la Imagen bajo un castillo de fuegos artificiales y los aplausos y vítores del público asistente.

En el año 2004, para conmemorar el 50 aniversario de la Romería, la Junta de Gobierno presidida por D. Elías García Amat acordó darle un carácter extraordinario. El programa de actos comenzó el sábado por la tarde con la partida de la Virgen y la celebración de una misa al llegar a la Ermita. Por la noche tuvo lugar una emocionante Vigilia Mariana –con exposición mayor del Santísimo- preparada con esmero por jóvenes seminaristas. El ágape de madrugada y los cánticos se alternaron con los turnos de vela que hicieron los jóvenes de la Hermandad acompañando a la Virgen durante toda una noche tan especial.


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